miércoles, 5 de julio de 2017

Alberto Chessa: La mirada de Ulises

Te contaré mi viaje:
un momento que asume los momentos,
que resume en su trémolo lo que fue y bien será,
porque en la piel se estarce el sudor de la mañana,
pero también mañana es un viaje al ayer.

La vista asida a la ventanilla del coche
mientras cruzamos las fronteras,
donde nadie es de aquí, y en cuanto se pronuncia
(aquí) deviene un nombre propio que a nada nombra.
Hay que andar hacia el otro, traspasarlo,
para alcanzarnos a nosotros mismos:
la primera mirada sólo existe
en tanto que se busca, una espera
aún por revelar. In my end is my beginning.

Y por eso eres tú la misma y su contraria
en todas las mujeres que jalonan mi ruta,
hablándome en mi lengua o en idiomas
que desconozco pero sé qué dicen:
lloro porque no puedo amarte, y porque
la Historia a ratos baila de puntillas,
Lenin guillotinado (como todos los dioses)
en el vals del Danubio. Parece que fuera a levantar
el telón sin aviso, que lograremos resolver al fin
el jeroglífico de balas y morteros
que ensucia el mar de tarde en tarde.
La niebla es una fiesta, algunos muertos
escampan en la niebla. Ya es la hora
¿Cuánto ha durado el viaje? ¿Un día? ¿Treinta años?
¿Cuántas décadas hay entre el martes y el miércoles?
Es hacia dentro donde la mirada
palpa las cosas, reconoce,
como manos de ciego. Donde el viaje
no empieza ni termina. Donde el verso extravaga.
Donde la luz es otra



Alberto Chessa
en La impedimenta.
Huerga & Fierro, 2017.

sábado, 1 de julio de 2017

Luna Miguel: Dos poemas de El arrecife de las sirenas

ESCRIBO ESTO MIENTRAS CRUZO UN OCÉANO DE VUELTA AL HOGAR EN UN AVIÓN DE AEROMÉXICO


No tengo a nadie a quien rezar, pero sí tengo alguien a quien decir "te necesito". pensaba esto en el camino de regreso: varadas horas cruzando el océano, varias horas comiendo galleas de fresa en parís, varias horas mirándote dormir esbozan demasiados sentimientos: como hormigas suben y bajan por los párpados de mi jet las, así me imagino la palabra amor, y la palabra sueño, y el verbo envejecer. así me entretengo repasando tus afiladas cejas mientras la noche de Barcelona es diamante, y en su cielo no hay nada salvo dos lunas a las que no sé rezar.

ESTANQUE DE NENÚFARES
EN EL PARQUE UENO

"Diferencia entre polilla y mariposa"
el buscador de Google me lleva a una galería
de imágenes que dan miedo
"polilla gigante Japón" tecleo otra vez
para adivinar qué es aquello que he visto
agonizando entre la maleza del parque ueno
y su lago repleto de peces naranjas
"las polillas pueden ser bonitas"
escribo desesperado en la habitación del hotel
con el aire acondicionado al máximo
y las piernas en alto mientras tú duermes
"las polillas se parecen a las mariposas"
hemos hecho el amor en silencio
tu sexo se escondía en mí como la libélula
en el nenúfar del estanque esta mañana
"para que qé sirve una polilla gigante"
me pregunto y pregunto al mundo
si tocar el agua de ueno traerá suerte
si pedalear en una barca brillante traerá cariño
si comer fideos sencillos llenara´el vientre
si viajar al otro lado del mundo nos dará una lección
allí de donde vengo las polillas son diminutas
se esconden entre la ropa limpia
y sus alas recuerdan murales de tela antiguos
"qué significa polilla"
"por qué en Tokio hay tantas polillas muertas"
"por qué he venido al otro lado del mundo"
"para qué regresar al hogar si aquí puedo ser feliz
si aquí puedo hacer el amor
si aquí los insectos son hermosos
si aquí aún no entiendo nada y si ojos brillan"



Luna Miguel
en El arrecife de las sirenas
La Bella Varsovia

martes, 27 de junio de 2017

Verónica Aranda: Una alcoba...

Una alcoba pequeña. A contraluz,
un jergón medio hundido,
el peso en simetría de dos cuerpos,
sandalias rotas y un aroma a almizcle.

Me acaricias la nuca, se abren paso
las yemas de mis dedos por tus ingles
con círculos de ópalo y sudor.
Un vientre silencioso,
una imagen de Kali con diez brazos
y collares de cráneos. Llega el clímax.
La lluvia del monzón
cae torrencial en todas las terrazas.


Verónica Aranda
En Épica de raíles.
Devenir.
Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández- Comunidad Valencia 2016.


domingo, 4 de junio de 2017

Álvaro Giménez García: The final countdown

(Catálogo de pasos para vivir los úlltimos años lejos del mundanal ruido)

"Y mientras miserablemente se
están los otros abrazando con sed
invairable del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté
cantando".
Fray Luis de León

Cercano el momento de la cuenta atrás
decides ejecutar el beatus ille
planeando para cuando ya nada importase.
Así suspendes tu cotización social,
embargas tu relación con el mundo
y languideces en esta urbanización,
ni de costa ni de montaña,
sino de secano y desierto,
donde cada casa es como la anterior,
la de enfrente o la siguiente.
El anonimato es el idioma;
el aislamiento, la esencia;
el tiempo, un círculo infinito
sin aristas de citas ni de horarios.
Pleno de facultades y
exento de responsabilidades,
te meces en la inexistencia
y apenas sientes el rumor que, a lo lejos,
deja el ruido mundanal
ya olvidado.


Álvaro Giménez García
en Atópica (Versos atópicos para temas y personajes tópicos)
Ayuntamiento de Lodosa.

jueves, 25 de mayo de 2017

Andrés García Cerdán: Dentro

NO CANTAS, no: tu propia voz te infundes
como un veneno delicioso. La haces
girar dentro -como una piedra dentro-,
conteniendo su furia, estampándola
sin compasión entre los dientes
y el cielo de la boca, reteniéndola
para ti. No acaban los labios
de despegar, de abrirse nunca
del todo. No hay destello ni explosión
alguna mientras callas, mientras dices:
solo implosión salvaje, desatada.
No, no cantas, nunca has cantado. A solas
contigo mismo en tanto desenfreno,
te has limitado a perseguir los ruidos
entre la imantación y la pureza.
Dentro clama la luz de la mañana.
Dentro se oxida el cielo. El mundo
tiembla en la punta herida de tu lengua.


Andrés García Cerdán
en Puntos de no Retorno.
Reino de Cordelia.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Juan De Dios García: Deconstrucción

COMO ocurre a políticos
y otras celebridades,
tú también tienes una hemeroteca
que te desdice cuando se le antoja.
nunca podrás quemarla.
                                         Vive en ti.
Y morirá contigo.

Juan De Dios García
en Un fotógrafo ciego
Balduque.

martes, 23 de mayo de 2017

Antonio Jiménez Millán: Días tranquilos en el Albaicín (1976)

"En París, el sexo está en el aire"
HENRY MILLER

"Uno debe vivir apartado de todo, olvidando", dijo Lawrence. Lo intentó y fracasó. Uno no puede vivir apartado, ni puede olvidar".
HENRY MILLER

                                            A Álvaro Salvador y Pepa Mello


QUERIDO Henry Miller: algunos de sus libros
llegaron a Granada tarde y mal,
deslucidos, con páginas en blanco,
y esta vez no pudimos culpar a la censura:
la chapuza venía del otro lado del Atlántico.
El caso es que llegaron, aunque fuese
a las trastiendas de las librerías,
y luego los compraron en la Universidad,
para mayor escándalo de las bibliotecarias:
Sexus, Nexus, Plexus...,
tanto latín para acabar en esto,
se lamentaban.

Usted contribuyó, sin duda,
al mito de las zonas decadentes
en el París de los años treinta;
Cliché, Ménilmontant,
Faubourg Montmartre, Rue Fontaine,
Rue Pigalle. Hablaban sus novelas
del bullicio en las calles,
de parques, de mercados y cafés
llenos de gente,
de las aceras de los bulevares
donde las putas se exhibían
con naturalidad.
En París, el sexo está en el aire...

En Granada también, pero de otra manera.
Recuerdo una pintada que decía:
en esta ciudad,
follar no es un pecado, es un milagro.
La casa era una isla en aquel laberinto
de calles sinuosas y plazas escondidas:
Calderería,
Cruz de Quirós,
San Miguel Bajo.
Al pasear por ellas,
tocábamos las ramas de los árboles
por encima de muros desconchados,
y en invierno, el agua de la lluvia
bajaba por las cuestas a raudales
como un río de sombras
anegando los huertos, los derribos,
en el silencio de la noche gélida.

Tuvo siempre aquel barrio un aire de misterio
que a usted, probablemente, le hubiera seducido:
al fin y al cabo, el sur es un invento de otros.

Por entonces,
a falta de mejores incentivos,
nos bebíamos todo:
el aguardiente,
el tinto peleón de las tabernas
junto al Arco de Elvira,
reservado el derecho de admisión,
se prohibe el cante.
por no hablar de las mezclas incendiarias:
vermut co nmenta,
coñac con coca-cola, por ejemplo.
Algunos se bebían incluso la colonia
-Varón Dandy, por más señas.
Eso alucina, y mucho,
ya me dirá usted.
Se puede ver el Trópico de Cáncer,
el de Capricornio,
el Ecuadro y las antípodas,
si me apuran.

No eran tiempos tranquilos, sin embargo.
Acaso la memoria me traicione
al evocar la calma ambigua y lenta
de aquellos días:
los años que han pasado ya confunden
la falta de experiencia con los sueños,
las horas de ansiedad y las sublimaciones.
Volviendo a sus novelas, era muy sorprendente
con qué facilidad y qué soltura
montaba usted una orgía. Lo nuestro era más bien
escuela de trabajos manuales:
daban poco de sí los encuentros furtivos
y de los burdeles, mejor no hablar.
Después, mucho después,
entendí la desolación de los poemas
que entonces escribía,
la confusa insistencia en el lamento
y la mala costumbre de enredar
el sexo con la metafísica.

Sexo y muerte: me doy cuenta
de que los uno con bastante frecuencia,
dijo usted.
No voy a corregirle, a estas alturas.
Una extraña deriva
nos lleva a defender en otros cuerpos
esa llama fugaz que sobrevive
al viento de los años,
pero también sabemos que la muerte acecha
con su desgaste lento, inevitable:
me basta recordar aquellas casas,
los patios en penumbra,
las abombadas vigas de madera,
las grietas en la cal de las paredes.

Ahora, en la distancia,
surge otra vez el personaje
que hablaba en sus relatos.
Tenía el atractivo de los símbolos:
el vagabundo insomne,
el solitario buscador de oro.
Pero al final me quedo
con sus palabras sobre Lawrence:
no se puede vivir aislado,
ni se puede olvidar.



Antonio Jiménez Millán
en Ciudades (Antología 1980-2015)
Renacimiento.