domingo, 4 de junio de 2017

Álvaro Giménez García: The final countdown

(Catálogo de pasos para vivir los úlltimos años lejos del mundanal ruido)

"Y mientras miserablemente se
están los otros abrazando con sed
invairable del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté
cantando".
Fray Luis de León

Cercano el momento de la cuenta atrás
decides ejecutar el beatus ille
planeando para cuando ya nada importase.
Así suspendes tu cotización social,
embargas tu relación con el mundo
y languideces en esta urbanización,
ni de costa ni de montaña,
sino de secano y desierto,
donde cada casa es como la anterior,
la de enfrente o la siguiente.
El anonimato es el idioma;
el aislamiento, la esencia;
el tiempo, un círculo infinito
sin aristas de citas ni de horarios.
Pleno de facultades y
exento de responsabilidades,
te meces en la inexistencia
y apenas sientes el rumor que, a lo lejos,
deja el ruido mundanal
ya olvidado.


Álvaro Giménez García
en Atópica (Versos atópicos para temas y personajes tópicos)
Ayuntamiento de Lodosa.

jueves, 25 de mayo de 2017

Andrés García Cerdán: Dentro

NO CANTAS, no: tu propia voz te infundes
como un veneno delicioso. La haces
girar dentro -como una piedra dentro-,
conteniendo su furia, estampándola
sin compasión entre los dientes
y el cielo de la boca, reteniéndola
para ti. No acaban los labios
de despegar, de abrirse nunca
del todo. No hay destello ni explosión
alguna mientras callas, mientras dices:
solo implosión salvaje, desatada.
No, no cantas, nunca has cantado. A solas
contigo mismo en tanto desenfreno,
te has limitado a perseguir los ruidos
entre la imantación y la pureza.
Dentro clama la luz de la mañana.
Dentro se oxida el cielo. El mundo
tiembla en la punta herida de tu lengua.


Andrés García Cerdán
en Puntos de no Retorno.
Reino de Cordelia.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Juan De Dios García: Deconstrucción

COMO ocurre a políticos
y otras celebridades,
tú también tienes una hemeroteca
que te desdice cuando se le antoja.
nunca podrás quemarla.
                                         Vive en ti.
Y morirá contigo.

Juan De Dios García
en Un fotógrafo ciego
Balduque.

martes, 23 de mayo de 2017

Antonio Jiménez Millán: Días tranquilos en el Albaicín (1976)

"En París, el sexo está en el aire"
HENRY MILLER

"Uno debe vivir apartado de todo, olvidando", dijo Lawrence. Lo intentó y fracasó. Uno no puede vivir apartado, ni puede olvidar".
HENRY MILLER

                                            A Álvaro Salvador y Pepa Mello


QUERIDO Henry Miller: algunos de sus libros
llegaron a Granada tarde y mal,
deslucidos, con páginas en blanco,
y esta vez no pudimos culpar a la censura:
la chapuza venía del otro lado del Atlántico.
El caso es que llegaron, aunque fuese
a las trastiendas de las librerías,
y luego los compraron en la Universidad,
para mayor escándalo de las bibliotecarias:
Sexus, Nexus, Plexus...,
tanto latín para acabar en esto,
se lamentaban.

Usted contribuyó, sin duda,
al mito de las zonas decadentes
en el París de los años treinta;
Cliché, Ménilmontant,
Faubourg Montmartre, Rue Fontaine,
Rue Pigalle. Hablaban sus novelas
del bullicio en las calles,
de parques, de mercados y cafés
llenos de gente,
de las aceras de los bulevares
donde las putas se exhibían
con naturalidad.
En París, el sexo está en el aire...

En Granada también, pero de otra manera.
Recuerdo una pintada que decía:
en esta ciudad,
follar no es un pecado, es un milagro.
La casa era una isla en aquel laberinto
de calles sinuosas y plazas escondidas:
Calderería,
Cruz de Quirós,
San Miguel Bajo.
Al pasear por ellas,
tocábamos las ramas de los árboles
por encima de muros desconchados,
y en invierno, el agua de la lluvia
bajaba por las cuestas a raudales
como un río de sombras
anegando los huertos, los derribos,
en el silencio de la noche gélida.

Tuvo siempre aquel barrio un aire de misterio
que a usted, probablemente, le hubiera seducido:
al fin y al cabo, el sur es un invento de otros.

Por entonces,
a falta de mejores incentivos,
nos bebíamos todo:
el aguardiente,
el tinto peleón de las tabernas
junto al Arco de Elvira,
reservado el derecho de admisión,
se prohibe el cante.
por no hablar de las mezclas incendiarias:
vermut co nmenta,
coñac con coca-cola, por ejemplo.
Algunos se bebían incluso la colonia
-Varón Dandy, por más señas.
Eso alucina, y mucho,
ya me dirá usted.
Se puede ver el Trópico de Cáncer,
el de Capricornio,
el Ecuadro y las antípodas,
si me apuran.

No eran tiempos tranquilos, sin embargo.
Acaso la memoria me traicione
al evocar la calma ambigua y lenta
de aquellos días:
los años que han pasado ya confunden
la falta de experiencia con los sueños,
las horas de ansiedad y las sublimaciones.
Volviendo a sus novelas, era muy sorprendente
con qué facilidad y qué soltura
montaba usted una orgía. Lo nuestro era más bien
escuela de trabajos manuales:
daban poco de sí los encuentros furtivos
y de los burdeles, mejor no hablar.
Después, mucho después,
entendí la desolación de los poemas
que entonces escribía,
la confusa insistencia en el lamento
y la mala costumbre de enredar
el sexo con la metafísica.

Sexo y muerte: me doy cuenta
de que los uno con bastante frecuencia,
dijo usted.
No voy a corregirle, a estas alturas.
Una extraña deriva
nos lleva a defender en otros cuerpos
esa llama fugaz que sobrevive
al viento de los años,
pero también sabemos que la muerte acecha
con su desgaste lento, inevitable:
me basta recordar aquellas casas,
los patios en penumbra,
las abombadas vigas de madera,
las grietas en la cal de las paredes.

Ahora, en la distancia,
surge otra vez el personaje
que hablaba en sus relatos.
Tenía el atractivo de los símbolos:
el vagabundo insomne,
el solitario buscador de oro.
Pero al final me quedo
con sus palabras sobre Lawrence:
no se puede vivir aislado,
ni se puede olvidar.



Antonio Jiménez Millán
en Ciudades (Antología 1980-2015)
Renacimiento.

lunes, 22 de mayo de 2017

Diego Sánchez Aguilar: Y un día el demonio...

Y un día el demonio se apareció al monstruo en el centro del bosque
 y el demonio tomó la forma de una niña.
Y usó el demonio la voz de la inocencia,
y el disfraz de un vestido blanco de inocencia.
Y el demonio tomó al monstruo de la mano,
y lo llevó al borde un lago.
y allí le enseñó la belleza blanca de las flores,
y quiso enseñarle el nombre único de las cosas.
Y señalaba una flor, y le decía:
esto es una flor, y también esto es una flor,
y todas las flores son una sola flor.
Y lanzó la flor al agua y le dijo:
así como flota esta blanca flor sobre la superficie del lago,
así los nombres flotan sobre el negro abismo de las cosas.
Y lo miró tiernamente a los ojos, y le dijo:
así como las flores elevan su belleza sobre el negro lago,
así el alma inmortal flota sobre la negra muerte.
Y hubo dudas en el monstruo,
que miró a la niña
y miró el lago,
y vio las flores brillando blancas sobre la muerte negra
como en el insondable fondo del ciclo brillan las estrellas.
Y fue tentado el monstruo por la pureza y la blancura.
Pero el monstruo miró sus cicatrices,
y escuchó luego el tiempo del latido,
igual al de las breves olas sobre el lago.
Y levantó el cuerpo de la niña como la niña antes levantó las flores,
y la tiró al lago para ver cómo su alma inmortal flotaba sobre la negra muerte.
Y desapareció la niña bajo el rostro del lago
como desaparecen las palabras bajo el manto de la noche.
Y las flores que se alejaban flotando por el lago

tenían el color de un recuerdo que se olvida.


Diego Sánchez Aguilar
en Las célebres órdenes de la noche
Ediciones La Palmar.

domingo, 26 de marzo de 2017

Louise Glück: Itaca

ITACA

El amado no
necesita estar vivo. El amado
vive en la cabeza. El telar
es para los pretendientes, encordado
como un arpa con el hilo blanco de un sudario.

Él era dos personas.
Era el cuerpo y la voz, el sencillo
magnetismo de un hombre vivo, y también
el desplegado sueño o imagen
a los que da forma la mujer que trabaja el telar,
que se sienta ahí en un salón lleno
de hombres sin imaginación.

Igual que le tienes lástima
al engañado mar que intentó
llevárselo para siempre
y solamente se llevó al primero,
al verdadero marido, debes
tenerle lástima a estos hombres: no saben
lo que están mirando;
no saben que cuando uno ama de esta forma
un sudario se convierte en un traje de novia.



Louise Glück
en Praderas.
Traducción de Andrés Catalán.
Pre-textos.

José Manuel Gallardo: Dos poemas

VARIACIÓN I

Todas las palabras,
todas la conversaciones
que han salido y saldrán de tus labios
que saldrán de los míos
en las tardes de verano,
en esta tarde de otoño,
en las futuras noches del invierno

no son más que pura estadística;

ya han sido antes pronunciadas
o serán repetidas exactamente en el mismo orden
en algún momento futuro.

Son palabras vanas
-no son nuestras-
todas con las que nos hablamos.


MAÑANA

Como agujas en el agua
que siendo metal floran misteriosamente,
como pétalos olvidados entre las páginas de un libro,
rugosos y desangelados, desalmados,
el día se desvela sin saludar
y acerca oscuros presagios
que son recuerdos que la mente no logra ordenar.

Lo más prodigioso puede ocurrir esta mañana.
La desdicha
                es el menor
                               de los problemas.


José Manuel Gallardo
en Infinitos monos.
El Desvelo Ediciones.